viernes, 3 de febrero de 2012

Si te dicen que tienes cáncer...


Si te dicen que tienes cáncer.

Estas notas pretenden ser una recopilación de las cosas que se le pasan por la cabeza al más común de los mortales cuando le dan la noticia de que tiene un cáncer. Lo que escribo aquí no es un tratado ni un manual de autoayuda, tampoco tiene ninguna base científica. Lo que escribo no es más que una serie de notas basadas en mi experiencia personal, en las cosas que me han ayudado a superar la enfermedad y a mantenerme siempre optimista, sin venirme abajo.

Mi única pretensión al escribir esto, que no sé cómo calificar, es intentar ayudar a personas que están pasando por mi misma situación o que tienen una persona muy querida en este trance por desgracia tan común en nuestros días. Si te acaban de diagnosticar un cáncer o llevas tiempo luchando con él, espero que te sirva de alguna ayuda. Ojalá consiga por lo menos levantarte un poco el ánimo.


Tengo Cáncer.
La primera reacción ante la noticia suele ser, al menos en mi caso lo fue, de incredulidad. No puede ser, no me puede estar pasando esto.
Tras el primer impacto, es increíble que basten cinco minutos de reflexión cuando sales de la consulta del médico para que te puedas hacer a la idea. Créeme si te digo que son unos momentos importantísimos para tu futuro. Es increíble lo mucho que tu forma de reaccionar a partir de ese momento condicionará el resto de tu vida.
Cuando ya te has convencido de que es verdad, la primera reacción que yo tuve fue decir. Tengo cáncer, ¿y qué?

El cáncer ya no es hoy la enfermedad incurable que era antes. Hay que afrontarlo como una adversidad de tantas que te ocurren en la vida, pero sin dramatismos. El cáncer, si se coge a tiempo, se cura. Hay un porcentaje de enfermos que no sobreviven a la enfermedad, es cierto, pero tú no estás entre ellos. Tú estás entre la mayoría de enfermos, cada día más amplia, que vencen a la enfermedad.

La primera reacción que hay que tener es de valentía y de voluntad de lucha. Vale, ya he pensado que me puedo morir y he decidido que va a ser que no. Nunca más lo volveré a pensar porque he decidido luchar, y como he tomado esa decisión a partir de ahora mi primer objetivo va a ser vencer al hijo de puta del cáncer. No sé lo que va a pasar a partir de ahora pero una cosa tengo clara: Jamás me voy a rendir. Va a ser una guerra larga, de muchas batallas. Y serán difíciles pero no me queda más remedio que librarlas para ganar.

No me atrevo a dar un porcentaje, pero estoy absolutamente convencido de que gran parte de las posibilidades de curación dependen de tu estado de ánimo y de tus ganas de luchar. Si piensas que vas a curarte y luchas contra la enfermedad tienes muchas más posibilidades de vencer, si piensas que no vas a poder con el cáncer, le estás dando a la enfermedad una ventaja que luego te costará recuperar. No te puedes permitir ese lujo.


Tu médico.
Lo segundo que hay que hacer es pedir información. No la busques en internet. Ni se te ocurra. Tu médico sabe exactamente cuál es tu situación, las páginas web que puedes visitar, no.
A partir de este momento tu médico va a ser la persona que te va a ayudar a luchar a brazo partido contra el cáncer. Tienes que tener confianza absoluta en él. Si no la tienes, busca otro médico. Es así de simple. Vas a poner tu vida en sus manos.

Te lo juegas todo. Cuando entres en el quirófano, cuando planifiques con él un tratamiento, cuando te asalten las dudas o los temores, él va a ser tu confesor, tu amigo y tu salvador. Si no confías en él no podéis emprender juntos este camino.

Busca una segunda opinión si así te quedas más tranquilo. Yo no lo hice porque desde el primer momento confié ciegamente en mi médico. La persona que te opere, que te trate, que elija contigo el tratamiento va a ser quien te salve la vida. Piensa que tendrás seguramente que pasar por el quirófano y lo tienes que hacer con la máxima tranquilidad. Te tienes que poner en  las mejores manos que puedes estar. Tanto el médico que te opere como el hospital en el que vas a estar tienen que tener toda tu confianza. Vasa poner tu vida en sus manos y son ellos, el médico y todo el personal del hospital, quienes van a cuidar de ti. No puedes tener ninguna duda sobre si estás o no en las mejores manos.

Cuando ya hayas dado con el médico de confianza, el que te va a salvar la vida, ábrete a él. Cuéntale todas tus dudas sobre lo que te pasa, cómo va a ser la intervención, cómo será la recuperación, las posibilidades de recaída, de metástasis, la dureza del tratamiento. No es cierto que haya cosas que es mejor no saber. Debes tener toda la información, debes enterarte de cómo va a ser todo, de las posibles secuelas, del tiempo habitual de recuperación, … Para luchar de forma efectiva contra la enfermedad hay que conocer perfectamente al enemigo.


Tu familia y tu entorno más cercano.
Ante un cáncer tienes que realizar un cambio de prioridades que no es fácil asumir. A partir de este momento, todo pasa a segundo plano. Si de verdad quieres a tu familia, debes comprender que lo mejor para ellos es que tú te cures y, por tanto, a partir de este momento lo primero eres tú. Si quieres seguir cuidando de ellos como antes, primero debes ocuparte de ti mismo.

No dejes que te compadezcan. Un enfermo de cáncer no necesita compasión. Solo apoyo. Hazles ver que nada ha cambiado, que te vas a recuperar pero que durante un tiempo vas a necesitar su apoyo más que nunca. No dudes en contarles lo que piensas, que te vas a curar, que estás preparado para luchar y ganar y que les quieres y les necesitas para que te apoyen en los momentos difíciles. Tampoco dudes en pedirles lo que necesites, más cariño el día que te sientas un poco memo, cachondeo el día que el cuerpo te pida marcha, comprensión ante tus reacciones. Ellos saben que estás pasando por un momento difícil y te quieren ayudar aunque no sepan cómo. Díselo y tú recibirás el apoyo que necesitas a la vez que ellos se sentirán más felices porque ya sabrán cómo te pueden ayudar.

Ojo, ten en cuenta que ellos también lo están pasando mal, que tendrán incluso más miedo que tú. Tenéis que luchar juntos. Ellos te pueden ayudar pero también tienen derecho a tener malos momentos como tú. Sé comprensivo con ellos.

Es muy importante que no te dejes atrapar ni aconsejar por personas pesimistas. Si ves que alguien de tu entorno te está bajando la moral, díselo y no permitas que te influya negativamente. Estás preparando tu estrategia para ganar una batalla y lo que menos necesitas a tu lado son agoreros. Si tienes cerca a un gafe, a un pesimista, al típico individuo que te absorbe la energía y que no te aporta nada, no tengas ninguna duda. Aléjate de él.

Elige a los más optimistas de tu entorno y acércate a ellos, charla con ellos, desahógate. Pero no le des más importancia de la que le darías a una operación de apendicitis. Es solo un paréntesis en tu vida. Sigue charlando de los mismos temas de siempre, mantén el buen humor. No permitas que una jodida enfermedad cambie tu forma de ser.


Tu trabajo.
Ya he explicado antes por qué lo único que importa eres tú. Si eso pasa con tus seres queridos, con el trabajo, más aún. Céntrate en las personas que te quieren, en los amigos más íntimos y en la familia. Vuélcate con aquellos que te echarían en falta siempre si no estuvieras y pasa de aquellos que se olvidarían de ti en unos meses.

No cometas ni por lo más remoto el error de pensar que el trabajo es más importante que tu salud. Si no te recuperas en condiciones, el trabajo se acabó de todos modos, así que deja de comerte el coco por cosas tan poco importantes. Ahora tienes un problema que está en primer plano, tu enfermedad. Lo demás ha pasado a ser secundario. Si alguien no lo entiende es su problema y debería solamente darte pena por no entender algo tan elemental.
Si piensas que eres imprescindible en tu trabajo, quítatelo inmediatamente de la cabeza. Es mentira. Todo puede esperar. No eres ni de coña el centro del universo. Sólo eres insustituible para tus hijos y para tu entorno más cercano.

Yo nunca he ocultado la situación en el trabajo. He sido claro: Me han dicho que tengo un cáncer, me operan tal día, estaré de baja unos meses y luego volveré como si nada, a seguir siendo el de siempre. No creo que ocultarlo en el trabajo te ayude lo más mínimo pero, tú mismo.


Los momentos de debilidad.
Como ya he dicho antes, la guerra es dura y se compone de muchas batallas. Tú puedes ser muy fuerte y puedes tener mucho apoyo de tu entorno pero, como no eres Superman, tendrás tus momentos de debilidad. El problema es que estar bajo de moral es un lujo que no te puedes permitir de ninguna manera. Entonces, ¿qué hacer?

Lo primero intentar venirte arriba. Haz cosas distintas, sal, diviértete y apóyate más que nunca en tu familia y tus mejores amigos. A veces basta con esto para superar los pequeños baches. Hay que romper la rutina y divertirse.

Si la primera fórmula no funciona, ha llegado el momento de pedir ayuda. A nadie nos gustan los fármacos psiquiátricos, pero este tipo de pastillitas están precisamente para eso, para cuando se necesitan. Ve a tu médico (al de cabecera o a aquél en quien más confíes) y dile que estás pasando un mal momento, que necesitas ayuda. Cuéntale lo que te pasa exactamente y él te remitirá a sesiones de terapia con un psicólogo, te recetará los pastelitos de la felicidad que necesitas o te remitirá al especialista que necesitas en este momento.

Yo, en dos ocasiones me he venido abajo sin saber por qué, supongo que por el agotamiento de la lucha contra la enfermedad. Las dos veces me he dado cuenta, he ido al médico y en ambas ocasiones me ha dado la solución y la depresión ha durado bien poquito. Jamás renuncies a pedir ayuda cuando la necesites.


Tu vida va a cambiar.
Desde luego, vas a tener que asumir y afrontar cambios en tu vida tal como la conoces ahora. Tendrás que cuidarte, que ser esclavo de los controles y de los tratamientos. Habrá algunas cosas que antes hacías y ahora no vas a poder hacer. Pero todo eso no tiene por qué ser malo.

Los tratamientos son los que hacen que te cures. Son duros, pero gracias a ellos sigues vivo. No los veas como algo negativo. Eres una persona afortunada porque tu enfermedad tiene tratamiento y vives en un país en el que te lo pueden proporcionar. Los controles son los que van a hacer que, si el cáncer reaparece, te lo cojan a tiempo y te vuelvas a curar. Ten en cuenta que la mayoría de las personas no se hacen esos controles periódicos. Si aparece un cáncer o cualquier otro problema, ahora tienes más posibilidades de que te lo encuentren a tiempo que ninguna otra persona.

De cómo te tomes las cosas que puedes hacer y las que no, de cómo y con qué ánimo afrontes los cambios que van a tener lugar en tu vida, va a depender el que seas un infeliz el resto de tu vida o el que te consideres una persona afortunada.

Yo soy una persona afortunada. He sobrevivido a un cáncer. Dio síntomas antes de que fuera demasiado tarde, me lo operaron y me lo quitaron. El muy cabrón volvió (o un amigo suyo igual de cabrón que el queme quitaron) pero, gracias a los controles que me estaban haciendo lo volvimos a detectar a tiempo. Mi médico, que es un fenómeno, me lo volvió a quitar. Luego, juntos, afrontamos un tratamiento que es durillo pero que está consiguiendo que el cáncer no vuelva. Ni por lo más remoto se me ocurriría saltarme una sesión ni un control.

La lucha ha sido jodida. A pesar de no pensar en ello, he visto la muerte de cerca, especialmente en la primera operación que se torció un poco. Pero gracias a ello he aprendido a valorar cosas en las que antes no me fijaba. Ahora disfruto más de mi casa y de la tranquilidad de una buena lectura. Ya sabía que tengo una mujer estupenda y unos hijos formidables que me quieren y que me apoyan cuando tengo problemas, pero nunca me imaginé hasta qué punto. Además he podido cribar a mis amigos sabiendo los que de verdad me aprecian y se preocupan por mí, y me he llevado un montón de sorpresas agradables de personas que antes eran poco más que conocidos y ahora considero amigos.

Ahora ya no me preocupo por cosas que antes me angustiaban. Los problemas de trabajo no me quitan el sueño. Toda mi escala de valores ha cambiado. Ahora busco más tiempo para mi familia, para mis hobbies. Ahora aprovecho mejor mi tiempo libre y se lo dedico a quien se lo merece. Nunca había disfrutado tanto una cena con amigos, ni un atardecer en el campo, ni un rato con mis perros, ni una buena comida. Nunca había sido tan optimista como ahora, ni me había reído tanto. Mi enfermedad me ha hecho feliz. El cáncer me ha hecho más fuerte, mejor padre, mejor esposo, mejor persona. No todo ha sido negativo. La verdad es que si ahora tengo que hacer balance, ha sido más lo que me ha dado que lo que me ha quitado.


A modo de resumen.
  • Mentalízate. Eres un enfermo. Tu vida va a ser distinta a partir de ahora.
  • Tienes una gran lucha por delante. Prepárate para ella. La vas a ganar pero tienes que poner de tu parte. O luchas o estás perdido.
  • Confía en quien te va a ayudar: tu médico. Si no confías en él, cambia de médico.
  • No eres Superman. Pide ayuda cuando la necesites.
  • No consientas que nadie te compadezca. O te ayudan o puerta.
  • Arrímate a los optimistas y alegres y huye de los gafes, los agoreros y los pesimistas.
  • No te saltes un solo tratamiento ni un solo control. Rezar puede estar bien, pero yo te recomiendo tratarte tu enfermedad y controlarla para que cualquier reaparición del problema sea detectado lo antes posible y tenga solución.
  • Te vas a curar. La alternativa no es planteable.
  • Anímate. Vive la vida. Busca lo positivo y lo encontrarás.

2 comentarios:

PopUp